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Bienvenida |
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Estimados (as) parientes y amigos (as): Creo que una explicación se antoja necesaria si es que has llegado hasta este punto, movido (a) por la casualidad o quizá por un afán de descubrimiento acerca de tu propio origen. He de suponer que llevas mi apellido o que estás de alguna manera relacionado (a) con alguien que lo lleva y, por lo mismo, te mueve el interés por conocer un poco más acerca de esa persona en particular. Empezaré por decirte que llevar el apellido Amaral es algo tan significativo que desde niño me di cuenta que no era como llevar cualquier otro. "Algo" había en él de mágico, de especial, de extraño. Ni mis maestros ni mis compañeros de banco en la escuela me llamaban por mi nombre, Rogelio, sino por mi apellido: "Amaral". Esta peculiaridad hizo que yo mismo me inquietara por conocer un poco más acerca del mismo y me lancé a hurgar en mis orígenes como persona. Durante mi infancia, a finales de la década de los 40´s y principios de los 50´s del siglo pasado, por razones inmersas en las circunstancias de mi vida familiar, hube de vivir en casa de la familia paterna, con mis tíos abuelos, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México, ubicada en el antiguo barrio de Analco. Esta casa servía a la vez de taller de mecánica industrial y de herrería, este último en la parte trasera de la casa, en lo que debió ser alguna vez un gran patio o caballeriza, habilitado para contener el yunque, la carbonera y el fogón, aparte de las grandes mesas de trabajo. Así conocí a los primeros Amaral, aparte de mi propio padre, todos ellos personajes de gran inteligencia, de carácter seco, casi cortante, celosos de su independencia personal, solterones empedernidos, agudo ingenio, alta inventiva y de admirable cultura, a pesar de no haber tenido la oportunidad en su tiempo de alcanzar una educación formal. Eran, por decirlo así, autodidactas. De la profunda admiración por ellos y por el deseo de romper con el cerco del silencio y la distancia que parecen ser común denominador de todos los miembros de la rama de la familia en la cual me tocó nacer, se inició desde muy joven para mí la búsqueda de mis raíces, de los admirables personajes de los cuales desciendo y que me hicieron desandar el camino demis mayores para reencontrarme con ellos en la Villa de la Unión de Tula, en la Sierra de Amula, en el Estado de Jalisco, así como en las villas de Tenamaxtlán, Autlán de la Grana, Mascota, San Sebastián, El Grullo y otros puntos de la costa sur de ese Estado o Provincia sólo para darme cuenta que la cepa de la cual provienen los Amaral de México vino de mucho más lejos, de la Beira Alta de Portugal -Viseu y Guarda- y todavía más lejos: de las costas de Marruecos y Mauritania por un lado y de los Visigodos de la península ibérica por el otro Algo más. Tendrás la oportunidad de comprobar que los Amaral de Portugal, del Brasil, de Argentina, de Uruguay, de Paraguay, de Chile, de Cuba, de los Estados Unidos, de Mozambique, de Angola, de Macao, de las Islas Madeira y Azores, del Canadá, de Cabo Verde, de Goa, de Timor del Este, de España y Francia, tenemos un origen común y compartimos al menos parte de una historia que nos une, no solo por los lazos de la sangre sino por los de la cultura. Todo eso y más lo descubrirás a medida que te internes en estas páginas, en una historia fascinante que sin duda te hará sentir y descubrir -como lo hice yo mismo, en mi momento- que los Amaral somos todos una misma y distintiva familia extensa, o por decirlo de otra manera más específica: un clan del que se desprenden varias tribus y familias esparcidas por el mundo, que tuvieron su origen en el siglo IX de nuestra era en lo que ahora se llama Portugal y que en esos lejanos años aún se encontraba en proceso de formación, con muchas batallas por librar hasta consolidar su identidad como nación y su independencia. Bienvenido (a) entonces y gracias por acudir a esta página, que es desde luego tu casa, la Casa que los Amaral de México hacemos extensiva a los Amaral del resto del mundo. Rogelio Amaral Barragán |