Sefarad

(Finis Terrae,  donde termina la Tierra - Nos confins da Terra - Where the land ends)

 

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Los vínculos entre los judíos y la Península Ibérica se remontan a los lejanos tiempos bíblicos, para ser precisos, a la época en que el sabio rey Salomón reinaba en Jerusalén.  Cuenta la leyenda -y algo de ello se dice en el Libro de los Reyes que deseando completar la obra que su padre David no pudo culminar, Salomón se comprometió a terminar el Templo que debía contener el Arca de la Alianza.  Para ello, recurrió al rey Hiram, que reinaba en Tiro (hijo de un príncipe fenicio de Sidón y de una judía de la tribu de Benjamín) quien acudió en apoyo de su pariente judío, enviándole maderas finísimas de los cedros del Líbano y sobretodo, a un arquitecto y perito metalúrgico que se encargaría de la magna obra, su nombre legendario llega hasta nosotros como  Hiram Abif que en arameo antiguo significaría algo así como "El amado de Hiram" o quizá más propiamente, "El escogido de Hiram".

Desde luego, ni la madera ni el arquitecto le resultaron gratis a Salomón, quien debió pagar a su pariente fenicio cediéndole algunos territorios del norte de Galilea.  Los judíos de la tribu de Neftalí, emparentados con el rey de Tiro, se dieron de alta en sus navíos mercantes que por entonces recorrían las costas del Mediterráneo.

Así, en aquellos lejanos años, mucho antes de que pusieran su planta en Iberia los griegos, cartagineses o romanos -850 a.c.- ya existían en lo que ahora es Portugal y España varias colonias fenicias y judías.  Barcelona y Cádiz fueron de las primeras.

El nombre que los fenicios y judíos dieron a estas tierras, por entonces pobladas por tribus de Iberos y Celtas, comparativamente salvajes, fue Sefarad que, como ya quedó dicho, vendría a significar "Donde termina la tierra", los confines, porque efectivamente era en ese lugar donde el Mediterráneo terminaba para abrirse hacia el Atlántico y más allá de las Columnas de Heracles o Hércules, ahora conocidas como el Peñón de Gibraltar, nada había.

En conclusión, los judíos y los fenicios llegaron a lo que hoy es España y Portugal con mucha anticipación a todos los demás pueblos civilizados que posteriormente la conquistarían.

Desfile de los "Judíos" en Cartagena, España, una reminiscencia de aquellos lejanos días.

Rogelio Amaral

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